16.1.08

Puerto Seguro

Hoy me di cuenta de que cualquiera puede sorprender por lo lejano a uno, y otro por lo cercano, rompiendo todos los prejuicios.
Fui testigo de un acontecimiento interior, nadie lo notó por que pasó dentro de mi cabeza, aunque no se trataba de mi, o si, por que fui puerto.
Un puerto austero pero firme, sin aires de ser un gran punto en las rutas marítimas internacionales ni de una ciudad influyente, pero me sentí un buen lugar para que algunos navegantes encuentren algo de descanso y sosiego.

Desde mi óptica de puerto vi que quien decidió asumir el capitanazgo del barco de sí mismo aprende rápidamente que el agua que navega puede darle de comer, puede cuidarlo y también puede ahogarlo o perderlo, nada es malo o bueno al final.
Lo que uno hace con el agua es en lo que se convierte y se transforma.
No estoy diciendo nada nuevo con esto, pero es una de mis creencias más firmes como puerto, por que yo también estoy en el agua.

Llegan momentos en los viajes, especialmente en los lacustres, en el que las embarcaciones necesitan descargar su mercancía o bien reabastecerse, ser reparados en puerto seguro, aprender algo ahí tal vez y así llegar a destino, algún destino, otro destino más grande o más lejano que el puerto al que acaban de arribar.

Dicho esto, paso a lo que me atravesó:

Siento llegar el barquito carguero, lo conozco desde siempre y lo recibo desde siempre.
Se lo ve fiel, útil, potente, no hay manera de no sentir simpatía por él, parece tierno a pesar de que el casco lleva en sí los arañazos de las tormentas y el óxido del descuido, pero tiene un aire romántico.

También pasa una lancha reluciente.. que rodea todo dejando una estela plateada, superficial y efímera. No hay quien no se de vuelta, con todo ese ruido, circo inútil, que asombra en un segundo y al siguiente aburre con una demostración de que?

Pero me sorprendí, por que el tipo de la lancha bajó al puerto y asomando la cabeza pidió permiso con humildad para atracar. Mientras que el tipo del carguero no sólo no bajó ni pidió permiso, sino que desde arriba y de lejos, mientras se quejaba por el viaje, tiró la soga para que lo atraquen, despotricó contra el estado del puerto, y exigió que lo atiendan inmediatamente por ser un muy buen proveedor de mercancía que beneficia el movimiento y mantenimiento del lugar.

Un velero conocido que se mecía esa tarde en la calma del puerto dejó asomar la cabeza de un tercer tipo, que se limitó a hacer un gesto y se sumergió otra vez agradeciendo el bálsamo del vaivén en el interior protegido de su camarote.

Hoy fui puerto, mañana no.

2 comments:

Peco said...

cucho puerto
mariano puerta
yo ni barco ni perezoso nado en la nada. como algo sin ventana. como una puerta de ashomer que se rompio y que iba a tener ventana
y nos unio
y despues no
y despues de nuevo, pero otra puerta: la de un colectivo curvo

Cucho said...

si, puede ser también, que lindo todo esto.